4.10.12

Descubriendo a Juan Domingo Santos

Había oído hablar de él, y cuando más vi su nombre fue junto al de Alvaro Siza, en el concurso de Puerta Nueva de la Alhambra, pero realmente nunca me entretuve en buscar nada suyo. Fue en la VIII BIAU en Cádiz, hace ya casi un mes, cuando tuve la suerte de asistir a una de sus conferencias. Trataba principalmente de exponer un proyecto (en este caso junto a Emilio Tuñón, que expuso el restaurante Atrio), uno de los ganadores de esta bienal y posteriormente tener un coloquio. Juan Domingo Santos tenía una voz tranquila que contaba cada paso de su proyecto del Museo del Agua de Lanjarón como si cada detalle mereciera una gran atención y entusiasmo. Hablaba con pasión de su trabajo. Nos contó además cosas sobre su estudio, en una fábrica de azúcar abandonada que él ocupó y sobre el que tiene un cortometraje. Pero no fue solo su tono tranquilo y apasionado, sino su forma de participar con la sociedad del lugar. Mientras hablaba de su proyecto, hablaba de relaciones humanas, de preguntas a los ciudadanos, de recopilación de información, de prácticas a sus estudiantes o de recuperación de un patrimonio olvidado. Había una sensibilidad añadida en su exposición. Una presentación que fue de las más gratificantes de toda la Bienal. Como anécdota curiosa, contaba Juan Domingo, que en las naves antiguas en las que intervino para el museo, animó primero a la gente a que si no les gustaban podían ir a allí y tirarlas. Al cabo de unos días de trabajo duro, concluyeron en que "aquello no estaba tan mal".
A continuación os dejo la información del proyecto de Lanjarón.

Renovación de un antiguo molino de agua,
Lanjarón.
El municipio de Lanjarón se encuentra situado en la ladera sur de Sierra Nevada. Es conocido por su artesanía, por la producción de miel y la calidad de sus aguas medicinales, contando con uno de los balnearios más reconocidos de España.


El proyecto del museo se inició con la búsqueda de un lugar donde se favoreciera la presencia del agua en unas condiciones naturales. El espacio elegido se encuentra situado en el acceso al Parque natural de sierra Nevada, junto al río Lanjarón y una acequia de riego que bordea unas antiguas construcciones utilizadas como matadero municipal. La intención al ubicar en este espacio el museo ha sido preservar el entorno natural de la especulación urbanística mediante la creación de un itinerario que relaciona la nueva actividad con las infraestructuras de agua y algunas arquitecturas próximas como molinos y un antiguo lavadero público. 


Dados los escasos medios disponibles la intervención ha consistido en el reciclaje y reutilización de algunos elementos del entorno. Las naves del matadero, por ejemplo, se han adaptado a museo, y se han incorporado a las nuevas instalaciones los trazados de agua de la acequia y el río a través de un sencillo sistema de láminas de agua conectadas entre sí. Delante del conjunto se ha dispuesto una plaza de naranjos ligeramente elevada del suelo, con prefabricados de hormigón apilados y troncos de eucalipto de diferentes tamaños que se inundan temporalmente con el agua de la acequia, lo que configura un espacio con aspecto diferente a lo largo del día.  La sombra y el olor a azahar de los naranjos, el sonido del agua al caer sobre los troncos del estanque y los reflejos del agua con la plaza inundada, crean una atmósfera refrescante antes de acceder al museo.




El ingreso se produce ocupando el patio del antiguo matadero con una nueva construcción en madera. Este pabellón alberga un espacio representativo dedicado al agua y se convierte en un hito de referencia en el paisaje. La construcción evoca la cubrición del Manantial de la Capuchina, una construcción del siglo XVIII realizada en madera que albergaba en su interior el primer nacimiento de agua en Lanjarón. El nuevo pabellón está concebido como un espacio para los sentidos, suspendido en el aire y con dos aperturas que permiten al visitante acceder al interior y participar de los efectos de luz y penumbra. Una lámina de agua extendida sobre el suelo refuerza aún más estas sensaciones, similares a las de los baños islámicos. 

La intervención en las antiguas naves ha sido mínima y ha consistido en la demolición de las divisiones interiores, dejando a la vista las estructuras de paredes y cubiertas. Durante los trabajos se pudo descubrir que originalmente la estructura pertenecía a un conjunto anterior de molinos de agua, por lo que la recuperación ha adquirido una dimensión arqueológica [...]




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